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¡BASTA YA!

  • Foto del escritor:  Elena Carrión
    Elena Carrión
  • 17 abr 2020
  • 3 Min. de lectura

Las chicas jóvenes reciben desde muy pronto el mensaje de que su valía depende se su aspecto. Esta es la idea principal que intenta demostrar el documental de Jennifer Siebel Newsom, Miss Escaparte. Con la colaboración de educadores, periodistas o actrices como Jane Fonda o Green Davis, se intenta demostrar la escasa participación de las mujeres en los puestos de poder, además de cuestionarse la visión que los medios tienen de ellas.



Con frases como “solo importa el cuerpo, no el cerebro” adolescentes estadounidenses definen su situación en la sociedad. Los medios de comunicación, la publicidad, el cine e incluso los videojuegos, han contribuido a generar este tipo de pensamientos en los más jóvenes. En cuanto esta idea es integrada, la voz de la mujer, deja de tener valor.

Según datos del documental, el 65% de las mujeres sufren algún tipo de trastorno de alimentación. No sorprende este dato cuando la publicidad en gran parte, lanza el mensaje de que nunca se es lo suficientemente bella, mientras que a los hombres les otorga el derecho a juzgarlas si estas no son como las modelos que están acostumbrados a ver.

Las operaciones de cirugía estética en menores de 19 años se triplicaron entre 1997 y 2007 y solamente un 16% de protagonistas de películas eran mujeres. Puede que aparentemente estos datos no tengan nada que ver, pero si tenemos en cuenta el ejemplo de la actriz Daphne Zuniga se entiende el símil. “El papel es prácticamente tuyo, pero podrías ponerte algo de botox o de colágeno”. Esto fue lo que su mánager le planteó a la actriz cuando le ofrecieron trabajar en una serie.

Daphne aceptó, “recuero estar sentada en un sillón mientras un hombre gordo y calvo me inyectaba algo con ajugas en la frente”. “Sangraba, lloraba, y encima me sentía culpable por llorar”. Así fue su experiencia en la que sus sentimientos contradecían a sus actos. “Algo en mí sabía que no estaba bien, sentía que estaba haciendo trampas”.


Está claro que cualquier persona es libre de hacer con su cuerpo lo que le apetezca, pero las cosas cambian cuando hay un objetivo o una coacción detrás. Es evidente que, si los medios de comunicación dejaran de crear un estereotipo de belleza inalcanzable, estos retoques disminuirían al igual que lo haría la venta de productos estéticos.

El desequilibro de poder que existe en la sociedad entre hombres y mujeres, a pesar de que se está intentando reducir, a día de hoy sigue siendo enorme. La autora estadounidense Jennifer Pozner afirma que con este modelo nadie gana, pero son las mujeres las que pierden. “Se está idealizando un prototipo de mujer al que se le exige que tenga el cuerpo de Miss Estados Unidos, que sea en la cama como Samantha de Sexo en Nueva York y que piense como John Cleaver”.

Este desequilibrio también llamado techo de cristal, afecta a ámbitos como el periodístico o el político. No hay más que ver a las reporteras de televisión, siempre bien maquilladas, bien peinadas y con escote. La misma periodista Lisa Ling (presentadora de CNN), explica que se tiene mucha presión para tener determinado aspecto, pero ella intenta no vestir de forma explícitamente sexy para no desviar la atención de lo que está contando. Un problema que los hombres no tienen.

En la política, esta hipersexualización de los medios con las mujeres, ocurrió en EEUU con la gobernadora del bando republicano en Alaska entre 2006 y 2009, Sarah Palin. Adoptó el rol de mujer hiperfemenina y la vapulearon hasta el punto de compararla con un juguete sexual. Todo lo contrario, le sucedió a Hillary Clinton que se mostró más masculina y los medios llegaron a cuestionar sus credenciales poniendo en duda su valía y cómo había llegado a ser senadora de los EEUU. La cuestión es que ambas fueron duramente criticadas, una por ser demasiado, y la otra por ser demasiado poco.

En 2015 solo el 5,8% de los canales de televisión y solo el 6% de las emisoras pertenecían a mujeres. Esto nos lleva a pensar que toda la información que obtenemos de los medios, tiene una visión masculina, lo que no quiere decir que sea falsa, ni mucho menos. Simplemente debemos preguntarnos: si todo juega tan en contra de las mujeres, ¿cómo van a desarrollar su potencial para llegar a ser líderes? ¿Cuánto tiempo tiene que pasar para que alguien diga basta?

 
 
 

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